Titulo Actualidad

Galera…

Brumas de Siroco por Jose Antonio Barragán Sánchez

Galera EspañolaSilencio, ojos irritados, mirada triste y apagada, brazos cansados, espalda sudorosa. Atrás, el aliento de 30 hombres, delante los pelos alborotados de 20 mas. En mi mente dos pensamientos; sobrevivir y remar.

Las cadenas me pesan, los grilletes hacen sangrar mis pies, mis manos despellejadas y llenas de llagas se aferran con fuerza al remo, como si mi vida dependiera de ello, pues de ello depende. Mi corazón y ese maldito remo de madera están unidos, parece que la  leontina que aprisiona mis antebrazos hiciera la función de arteria, maldita estampa.

Remamos al ritmo que nos marca un tambor, aporreado por un bruto engalanado de semblante simiesco. El crujir de la madera, una tos y algún quejido ahogado por el restallar de un látigo que hace objetivo a una espalda sucia y ya desgarrada por otros latigazos. Alguien llora en el silencio húmedo de esta bodega, quizás se ha dado cuenta de cuál será su destino.

De repente nos mandan parar.

“! remos arriba!”

“!Silencio!”

Todos se miran sin saber que pasa, todos salvo yo. Agacho la cabeza, miro al suelo bajo mis pies y pienso. Mi cabeza da vueltas rápidamente, aluvión de ideas me golpean, me centro;

“cuanta sangre, sudor y lagrimas he vertido en este suelo, espero que aun quede más que derramar, eso será señal de que sigo vivo. De nuevo a la batalla, nos dirigimos a la liza, contra un enemigo que ni siquiera he visto y contra el que no tengo nada en contra, Dios mío, no deseo estar aquí, el capitán de este navío, mejor dicho, de esta cárcel, nos lanza contra arrecifes, mares embravecidos y barcos fantasmas, y yo no puedo hacer más que bajar la vista y remar, remar por mi vida, por mi alma, por las esperanzas de otro, dejando todo atrás, pues esa es la misión de mi vida, remar hacia donde me digan, luchar por el sueño de locos capitanes, defender pendones que no son los míos y morir sin huella ni rastro….

El silencio es roto por un grito:

“!remeros de la galera, bogad!”

Verdaderamente la vida es breve, demasiado corta para perder el tiempo en gestas sin importancia, en personas superfluas y en trabajos inútiles. Todos alguna vez en nuestras vidas hemos remado en galeras, sin sentido, sin objetivo, infelices…no te equivoques, ni te engañes como hicimos muchos de nosotros, remar contra ti mismo, no te enseñara nada bueno, ni saldrás reforzado de esas violentas aguas, tu sangre vale demasiado como para derramarla en un barco que no es el tuyo, ni por un capitán al que aborreces y no comprendes. Muchos se martirizaran a sí mismos, con la falsa idea de la experiencia, asumiendo que todos los barcos son iguales, que más vale malo conocido, que bueno por conocer, obsoletos y cegados por la luz que sale por oriente, jamás conocerán las goletas, las carracas, las carabelas, las fragatas, los galeones, los drakkars, los buques, los dragas, los graneleros, las bombardas, los bergantines, los patache, los queche, los lugres, las fustas, los bajeles, las corbetas, etc.

Estos son solo unos ejemplos de todos los tipos de embarcación que hay en alta mar, de pesca, de transporte, turísticas, de guerra, de paz, diplomáticas, humanitarias, no puedo siquiera imaginar el sin fin de posibilidades laborales que puede haber. No temas el cambio, la vida siempre fluye, así debe ser, se que son tiempos de malos vientos y aguas revueltas para echarse a la mar en busca de un navío, pero yo lo hice, y heme ahora, compartiendo mi vida con una tripulación de rudos y curtidos corsarios, tostados por el sol que nos alegra las mañanas y embelesados por la luna que nos vigila en nuestros catres, compartiendo buenos momentos, y también malos, disfrutando del mar y sus encantos, y enfrentándonos sus peligros y misterios. Sí, este es mi barco, al que pertenezco, por el cual lucho incesantemente y a cuyo capitán  y bandera debo lealtad.

No te atormentes por lo que digo, déjame invitarte a nuestro pequeño barco, claro, que en este navío no tendrías que remar sin objetivo, aquí navegaríamos hacia mares cálidos, siguiendo brillantes estrellas, los vientos de poniente acunarían nuestras esperanzas. Y claro está, no abría ningún grillete, hablamos de total libertad, en esta nave, somos una familia, si hubiera que remar lo haríamos todos, si hubiera que pelear por nuestras vidas, ninguno habría de faltar. En esta pequeña embarcación hay muchos sueños, pero aun cave uno más…

Recordad: “Verdaderamente la vida es breve, demasiado corta para perder el tiempo en gestas sin importancia, en personas superfluas y en trabajos inútiles”

Jose Antonio Barragán Sánchez

Aponiente en Canal Sur

Asedio…

Brumas de Siroco por Jose Antonio Barragán Sánchez...

Asedio Angel Leon

PUuuuPUUuuuuu..!!!. Los primeros sonidos de los cuernos de guerra, llegan a puerto escondido, a la fortaleza inexpugnable de Aponiente. Sus muros de piedra ostionera, se alzan impertérritos, invictos, gloriosos…Sus pendones “salicornianos” demuestran la hegemonía de su marino Rey, pero hoy, como cada día, será puesto a prueba por las hordas invasoras, que ansían hacerse con sus tesoros y secretos más preciados. El Rey pasea por el patio de armas y observa:
El capitán de la guardia imperial, grita órdenes a diestro y siniestro, más sabe que realmente no es necesario, pues cada caballero, escudero, arquero y paje, sabe bien lo que debe hacer. La “mise en place” comienza;
Los escuderos, son los encargados de recoger todas las armas de la batalla anterior, pues aun andan desparramadas por todas partes, torreones, murallas, terraplenes y balaustradas. Serán lavadas y repasadas, para luego ser catalogadas y dispuestas correctamente. Ardua tarea, pero importante, pues sin el equipamiento necesario, los defensores serian rebasados rápidamente. Los pajes, aunque imbuidos de valentía, sus conocimientos bélicos solo les permite encargarse de trabajos más “pesados”, tendrán que hacerse cargo de reponer víveres y municiones, desde el almacén en la torre del homenaje, hasta la almena más alta o la barbacana más alejada, en todos los puestos sin excepción, debe haber suficiente munición y víveres, para aguantar varios días. Los víveres serán necesarios en caso de que una parte quede aislada por el enemigo, y tenga que resistir, en cuanto a la munición; balas para los cañones, refrescos, virotes, piedras para las catapultas, agua, etc. Todas serán útiles para resistir la invasión. Los caballeros, ya veteranos en estos lances y con grandes dotes en esta ciencia, se encargaran de que todo este en perfecto estado, mesas correctas, sillas y catapultas alineadas, los onagros cargados, las cubiteras llenas, espadas afiladas, arcabuces cebados, limón y naranja cortados. El sumiller apura el tiempo que le queda, limpiando botellas, y seleccionando las más interesantes, sus maridajes están listos, mientras va de la bodega a la cámara de servicio, aprovecha para mover algún cañón, para asegurar alguna puerta, revisa los aseos, disciplina a algún soldado que hace el vago. Todo debe estar listo y revisado, una vez empiece el “baile” no habrá segundas oportunidades. El patio de armas debe estar impoluto, se lavan las empalizadas y superficies, se barre el foso y la entrada, la puerta levadiza es barnizada, e incluso se podan algunas plantas exteriores, todo es poco en esta lucha que tendrá lugar aquí, todo deber ser simplemente perfecto, aunque todas las batallas sean iguales, se debe estar preparado para lo nuevo, para improvisar, para adaptarse, para ganar…
Nuestro marino Rey asiente a gusto y sonriente, ante la emoción de una nueva liza, la perfección en la preparación y la elaboración de cada táctica, de cada plato, acentúan su rostro con un matiz que muchos podrían confundir con arrogancia, pero estarían equivocados, esa mueca que sus ejércitos han aprendido a identificar, no es sino la excitación ante un nuevo combate, el ansia de sacrificio y la voluntad de victoria. “desconfía del Rey que no se inquieta al arriesgar y teme a aquel que se arrepiente de no sacrificar más”
Los primeros estandartes enemigos, asoman por barlovento, el viento los mece sutilmente, para algunos una imagen aterradora, para otros inspiradora. El tiempo se agota, los defensores se mantienen  firmes, pues es necesario que estén más cerca para empezar con la defensa. Ya se pueden distinguir los primeros blasones enemigos, el momento ha llegado, una simple orden del Rey basta para que todo comience;”señores, entran clientes, empezamos el servicio, todos en place”. Entran los clientes, son recibidos desde los muros, por arqueros que abren las puertas raudos y disparan flechas de cordialidad, los escuderos con sonrisas prestas para la batalla cuerpo a cuerpo, los reciben y acompañan a sus respectivas mesas, los pajes se hacen cargo de sus abrigos y chaquetas, al igual que se apresuran para ver si los caballeros los necesitan. Los caballeros cargan con serenidad y elegancia, entregan las cartas y preguntan aperitivos que serán servidos por los pajes. El sumiller habla y pelea con el cliente, aconseja y deja aconsejar, los agasaja y relaja, siempre en la cuerda floja, cada vino, un mundo, cada persona un universo, el sudor recorre su frente, desaparece cuando el  cliente, lo mira y asiente con la cabeza. El propio Rey entra en escena, se hace cargo de la batalla, se encara ante el cliente, utilizando dotes de simpatía y técnicas  marineras de sinceridad, toma la comanda, dispuesto a hacer realidad los sueños de estos y deja que los caballeros se hagan cargo de la pelea, pero no abandonara el patio de armas, permanecerá ahí, toda la batalla, preparado para lo que pueda pasar, y listo para socorrer a quien lo necesite. Pasan las horas y los platos, sonrisas, suspiros, gritos, euforias, ansias, agallas, plancton, dolor, alegría, postres, cumplidos, espadas, lanzas, café, miedos, valentía, esperanzas, copas…Cae el primer estandarte, no tardaran en caer los demás, la batalla está ganada, los defensores, gritan jubilosos, lloran de emoción, su recompensa prometida por su rey, esta hay, casi se puede palpar, la satisfacción de una buena batalla, y la sonrisa de un cliente sorprendido gratamente.
El enemigo abandona  Aponiente, con sus estómagos llenos y los ojos iluminados por la felicidad. Fue una dura batalla, pero mereció la pena, no obstante dura poco la alegría de los defensores, y su descanso menos, pues…
PUuuuPUUuuuuu..!!!. Los primeros sonidos de los cuernos de guerra, llegan a puerto escondido, a la fortaleza inexpugnable de Aponiente. Sus muros de piedra ostionera, se alzan impertérritos, invictos, gloriosos…
Toca preparar otro servicio.

Así es como vivo cada servicio en Aponiente, una pelea, bonita, sin enemigos, sin sangre ni caídos. Una bella lucha contra un adversario que realmente quiere dejarse abatir, viene expresamente para que nosotros le venzamos, nos ha elegido para dejarse ganar por la verdad de la gastronomía gaditana y por los platos tradicionales, servidos con mucho amor y respeto, gracias. Cada servicio es único y exclusivo,  puede ser tan simple como dar de comer a un comensal, lo que desea, de la mejor forma y a su gusto, o puede ser la batalla que narro arriba, son dos caras de una misma moneda, solo que en una pone un número y en la otra, hay una bonita imagen.

Jose Antonio Barragán Sánchez

Tortura…

Brumas de Siroco por Jose Antonio Barragán Sánchez...

ilustración botella

En esta vida hay muy pocos placeres comparables al de abrir una botella de vino, mientras juegas a la Xbox, en tu día libre, con tu mejor amigo. No digo nada si ese mejor amigo del que hablamos es “Juan Ruiz Henestrosa”, Cuyo “calentón” enológico es comparable al de “Baco”.

Andábamos nosotros defendiendo “Jacinto” de una invasión alienígena, cuando apure el último trago de mi copa, la mire y mire a Juan. Tras unos instantes, no necesitó que le dijera nada más, me miro y me dijo;

“Abrimos otra ¿no?””¿Qué prefieres español o francés?” ”Tengo aquí algo de Alemania, déjame ver”

Yo le respondí;

“me fio de ti, sorpréndeme”

Así fue que el Sumiller del restaurante Aponiente, abrió un vino de su bodega  particular para mi persona, en exclusividad, tan solo decir: “GRANDE”

Mientras mi Maître descorchaba la botella de vino, me vinieron a la mente las palabras de mi profesor de enología, Don Antonio (natural de Jerez y amante del vino en todas sus formas y colores), “el vino está vivo, está encerrado durante mucho tiempo, si a usted lo encerraran, al salir, querría correr, saltar, gritar… al vino le pasa lo mismo”. En ese justo momento, me embargo un sentimiento de tristeza, verdaderamente, el vino sufría. Voy a intentar relatar su triste vida.

Cuando una uva nace, sabe cuál será su final, y cuando morirá, sabe que tan solo vera pasar un año, que su vida como tal, se acabara en tan solo 360 días aproximadamente. En el momento de nacer, se ve obligada a sufrir, Su piel será quemada por el sol durante varias estaciones, se la regara solo lo necesario, obligada a sobrevivir con el mínimo de agua y con suelos pobres. En primavera, mientras sus amigos florecen y se reproducen, ella tiene que luchar por crecer y mantenerse viva, mas tarde en verano, el sol la tostara hasta la extenuación, Helios la abrasara con sus rayos, sin que nadie evite que su piel se torne negruzca. Extraerá del suelo todo lo que pueda, para conseguir azúcar con la que aguantar el invierno. En otoño, sus amigos más cercanos perecerán, sus hojas se agrietaran y cambiaran a un color marrón, signo de debilidad y enfermedad, el frio se acerca, la uva tiene miedo. En invierno, cuando el frio aprieta y aparecen las heladas, la uva se mantiene firme, sufriendo la gélida brisa del viento, nadie se preocupa por ella, desnuda, nota como su piel que arruga y se resquebraja. La lluvia la atormentara, intentara ahogarla, las riadas amenazan con arrancar su casa, y quizás lo consigan. Muchas uvas sucumben a la hipotermia y perecen durmiendo. El hielo congela sus cepas y con ello su sustento, se ve obligada a sobrevivir de sus reservas de azúcar.

El invierno, llega a su fin, los primeros rayos cálidos templan la uva, acabando con la escarcha que recorre su piel, no obstante, lo peor está por llegar, la uva lo sabe, pues la vendimia se acerca. Rudos hombres y sin tacto, arrancan a la uva de su familia, seleccionaran a las maduras, la demás serán asesinadas o abandonadas a su suerte, tras esto, son puestas en cestas, todas juntas, golpeándose entre sí, algunas uvas, no pueden resistir eso y mueren. Un camión las espera, para transportarlas bruscamente, mareadas y sin espacio, son trasladadas a la bodega, pasadas a empujones a la despalilladora, donde se las lava con agua hirviendo, se las golpea para quitarle ramas y hojas, y son secadas con un viento frio. Aquí es cuando la verdadera tortura empieza, pues en la prensa sufrirán hasta que toda su sangre abandone su cuerpo, la uva se desprende de sus hollejos, ya solo existe como liquido, confusa y asustada la uva empieza a llorar, pero no sirve de nada, nadie escucha el llanto de una uva. La nueva uva, ya sin cuerpo, solo liquida, es encerrada en grandes depósitos, rodeada de otras uvas, todas como ella, con miedo, sin piel, no sabe cuánto tiempo ha pasado ahí, pero le ha parecido una eternidad, el gran depósito se abre, y atreves de conductos es “realojada” en su nueva casa, una barrica, ahí pasara años, muy sola, sin casi espacio, abandonada a sus recuerdos y a su tristeza. Cuando pasen los años, y la barrica se abra, no es el fin de la uva, aun le queda calvario que pasar, la botella, si su anterior casa le parecía pequeña, esta es minúscula, y ahí va a permanecer, hasta que el azar lo considere oportuno, pues no dependerá de ella, nunca depende de la uva. La botella esperara, hasta que alguien la compre y tenga a bien abrirla y beberla, solo hay terminara el sufrimiento de la uva.

Así pues, no se vosotros, pero yo, cada vez deguste un vino, ya no pensare en la bodega, ni en su precio, ni la variedad, no intentare obtener sus olores ni sabores, lo primero que hare, será pensar en este ser vivo, que tanto sufre y que nos da todo, al que todo se lo arrebatamos, y que sin él, nuestras vidas seria mas grises. Triste uva, cuyo fin es principio de nuestras celebraciones y brindis, Querida amiga hoy lloro por ti, y te doy las gracias. Muchas gracias.

Dedicado a Juan Ruiz Henestrosa Campos; Gran Maître, buen amigo, mejor persona y excelente Gear, al que tanto debo y que sin él, no sería lo que ahora soy. Gracias hermano.

Jose Antonio Barragán Sánchez

Piratas…

Brumas de Siroco por Jose Antonio Barragán Sánchez...

Barco Pirata

Dicen los marineros gaditanos que nunca llegamos a conocer a la mar, mi abuelo, que en paz descanse, era uno de estos “viejos lobos de mar “aunque haciendo memoria ahora, se me antojaba mas como pirata, en el buen sentido, dejadme que me explique;

Al igual que todo buen pirata, él, tenía su barco, ¡no!, no era un galeón, ni una carabela y tampoco una galera, era una embarcación mas humilde. Como buen capitán, tenía su tripulación de bucaneros, estaba el cojo, el tartamudo e inclusive un tuerto. Cuando estos corsarios se reunían antes y después de echarse a la mar, no lo hacían en ninguna isla del tesoro, sino en la peña del club náutico, un bastión inexpugnable, al que no todos accedían, inclusive a mi mismo me costaba entrar, y era nieto de un pirata. En este refugio, se practicaba todo tipo de juegos de carta, dados y dominós, como buenos piratas, apostaban hasta sus botas  en partidas contra otras tripulaciones, todo por el honor de demostrar que barco pirata tenía mejores hombres. Recuerdo que era en esos momentos, cuando mi abuelo, demostraba sus grandes dotes de oratoria, y sentenciaba con frases como esta:

“no he perdido 6 partia, te estoy dando cancha pa que te confie”

Y como todo buen pirata que se precie, debe beber como tal, y así lo hacían, no obstante, el tema del ron, no término de cuajar en las calas y golfos gaditanos (valga el doble sentido) en estos lares se abusaba de otra cosita, dejadme que os lo muestre con otra perla de mi abuelo:

“nono pisha, arme er favo, y traeme un bardepeña con casera”

Y así pasaban las horas los crueles y sanguinarios piratas gaditanos, bebían, jugaban y blasfemaban. Un mundo rudo visto atreves de los ojos de la inocencia y la juventud. Por supuesto esto solo ocurría, mientras los vientos y la mar no eran favorables. Todos los días, a las 5 de la mañana en la caleta, no faltaba ninguno, todos preparados, todo preparado: arcabuces, pistolones, cañones de 9 libras, garfios, cuerdas, hachas, sables…todo está listo. Aun no ha amanecido y nuestros piratas se plantan ante su embarcación, durante unos minutos, todos se quedan en silencio, mirando a la mar, quizás intentando desentrañar sus misterios, ¿habrá mar de fondo? ¿cambiara el viento?¿lloverá?¿volveré a casa hoy?…

Entonces el capitán rompe el silencio:

“Nunca llegamos a conocer a la mar”

Todo está en marcha, todos tienen sus tareas y las hacen a la perfección, el capitán al timón, siguiendo su instinto, conoce cada cala, cada piedra, cada señal y los peligros que conlleva. Está ansioso, casi desesperado, ¿encontraran su presa?¿habrá botín?. No dura mucho su espera, pues por la proa se empieza a distinguir el brillo plateado y azulón de su objetivo. Todos, nerviosos se preparan, lo primero será barrer sus defensas, utilizando cañones de 9 libras, la munición elegida es un “anguao” casero, hecho con pan, harina y sobras de la cena anterior. Tras eso, deberán situarse, justo detrás, para destruir su timón y evitar que puedan huir, un ancla evitara que ocurra. Y es en el último paso cuando todos se la juegan, pues toca el abordaje, se oyen los garfios chocar, los anzuelos bien empatados se pierden bajo el agua y los gritos de ánimo de la tripulación resuenan como una marcha de guerra. La batalla a empezado, el capitán abandona su puesto y la seguridad, para entrar en plena liza, coge su aparejo preferido con varias poteras, y con una extraña sonrisa en la cara se lanza a la batalla aparejo en mano…

La lucha a durado varias horas, pero los piratas, aunque mal heridos, con golpes, cortes, mojados y sedientos, se alzan victoriosos ante un duro rival derrotado, sus bodegas, llenas de plata, jubilosos emprenden la vuelta al hogar, donde serán vitoreados, alabados y convidados por otros piratas, su recién ganado y merecido botín, será expuesto, pesado y valorado, para más tarde ser dividido a partes iguales, salvo para el capitán, que le corresponde parte y media.

Recuerdo que la primera vez que vi a mi abuelo de pie, orgulloso, junto a una caja de 20 kilos de esta “plata marina”, le pregunte ignorante que eso que era, el contesto:

“¿Qué que eh..?Esto pichita mía es una caballa caletera, y azao con piriñaca, esta der carajho”

Mucho ha llovido ya desde entonces, ya poco queda del recuerdo del viejo capitán pirata, su gorra, cadena y alguna que otra caña de pescar engalanan un viejo y húmedo sótano, pero si hay una cosa que aunque no es material, guardare para mí siempre, y es esa frase que me dejaste, ”nunca llegamos a conocer a la mar”, y te pido permiso, para que me permitas no solo seguir usándola, sino que me dejas terminarla, pues creo, que es mi legado.

Nunca llegamos a conocer a la mar, pero moriremos intentándolo….

Jose Antonio Barragán Sánchez