
De pequeño cuando aún creía, bendita ilusión, en los Reyes Magos y Papa Noel y creía también, maldito error, que la vida era jugar y comer, cada vez que mi madre ponía en mi mano uno de esos redondos y planos paquetitos sonoros imperfectamente envueltos, tenía la sensación de que recibía un regalo. Mi infantil fantasía y Dª Inés Rosales obraban el milagro de transmutar cada merienda en la feliz y alegre experiencia de tener entre mis manos para mí solito aquel capricho, contemplarlo y albergar la segura esperanza de que, tras abrirlo, iba a disfrutar como el niño que era de aquélla hojaldrada, finísima, tostada, crujiente y azucarada, irregular y abultada torta que una buena y desconocida señora mandaba desde un ignoto y remoto lugar llamado Castilleja de la Cuesta. ¡Caramba! Vivir en un castillo, rodeado de cuestas por las que chorrarse y comiendo esas maravillosas tortas a todas horas ¡que potra tenían los hijos de Dª Inés!
Pasados los años y obligados por ellos a abandonar desgraciadamente todas esas infantiles fantasías, la cruda realidad hace acto de presencia: los castillos son ahora abandonadas, quietas e inhabitables ruinas y las cuestas no hay ya piernas moras o cristianas que las suban. Todo cambia a nuestro alrededor, no hay forma de reconocer el entorno y la nostalgia nos invade. Todo deja de ser lo que era. ¿Todo? No, no todo se ha perdido, hay cosas que permanecen, que quedan inalteradas, que son valores seguros que podemos trasmitir a nuestros hijos con confianza y seguridad. Una de estas pequeñas e intrascendentes, sí, pero importantes cosas que hacen la vida más placentera y agradable, son las tortas de Dª. Inés a quien yo desde aquí imploro no nos prive de su hidalga compañía, para no tener que arrancarnos el corazón por tenorio desamor y seguir disfrutando de ellas quién sabe si incluso en el más allá.


1 comentario a "Oda a Inés… Inés Rosales esa torta con la que crecimos…"
Para mi el paraiso es llegar al Puerto de Santa María con mi mujer, reservar una mesa en aponiente, disfrutar como unos enanos de lo que prepara el “loco” cheff del mar, acompañarlo todo con el vino que sabiamente nos recomienda Juan Ruiz (y las clases magistrales que nos da) y disfrutar del servicio que nos presta el maravilloso equipo del restaurante…. LOOKING FOR PARADISE…
Gracias Angel, creo que tienes un grupo de profesionales como la copa de un pino, pero lo mejor de todo es que creo que teneis todos una calidad humana formidable, el trato y la atención que hemos recibido es inmejorable…, Te dije que estabas como una cabra y lo mantengo… pero no cambies tio ..”Nunca será verdaderamente sabio quien no sepa ser algunas veces un poco loco. ”
Juan disculpanos por ser los últimos en salir, pero cuando uno está agusto en un sitio, le cuesta irse, gracias por tu amabilidad y por como eres, nos dijiste que lo importante no saber o no saber de vino, es si te gusta o no lo que bebes… pues bien, no se si os darán estrella michelines o no pues no entiendo, pero te garantizo que me gustó lo que comí y el trato y para mi eso es lo importante.
Gracias.