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Melancolía en textura

Melancolía en textura by Ángel León

El mar me ha traído hasta los puertos a Ulises, al solitario Nemo, al loco capitán Achab. En sus aguas luchó el viejo Hemingway contra los escualos y navegaron, feroces y libres, el Corsario Negro y el Capitán Blood. Para Robinson Crusoe una tragedia, una promesa para Jason y sus argonautas, y un prodigio para Simbad.

El mar está repleto de literatura y parece él mismo una metáfora literaria. El mar, vientre fecundo del planeta. El mar, espejo de las ansias de vivir mi vida, a veces en calma, a veces en lucha con los elementos, a veces monótona a pesar de su hiperactividad contínua. El mar… icono de las ansias de libertad para el humano.

La mar, caprichosa manifestación del destino, a veces deja en sus playas troncos desgastados, restos de náufragos, de cadáveres que huían de la tierra.

Mar mío, déjame seguir hablando de ti, déjame seguir buscándote en tus adentros nuevos sabores que expresen tu grandeza,  déjame vivir y sentirte cocinándote, déjame acariciarte con el viento que genera el poniente…. Desde aquí , mi trocito de ti en tierra Aponiente.

Ángel León

Emociones Tróficas de un Marinero con Miedo…

Conversaciones por Ángel León...

cadena trofica

Me acuerdo más que nunca de ti.

Paso poco a verte mar mío, te echo de menos, estando tan cerca… pero te aseguro que cuando controle las olas de tierra, volveré a evadirme en ti; pero solo saber que estas a mi lado, me calma la ansiedad que me crea esta nueva temporada, no sé si son nervios, si es miedo, si es …

Me siento como si abriese por primera vez un restaurante, es la cruda verdad. Estoy emocionado, esta temporada es la que más horas me ha quitado, mentira, la que más horas me ha regalado, quizás por que sabia que había que pulir una historia que contar , una forma de vida que comer, una nueva forma de entender la mar, de expresar lo que siento, lo que llevo, lo que necesito soltar.

Mística, hechicera, irresistible, cautivadora, fascinante… te vacía  y termina por hacerte absolutamente extraño a todo salvo o a ella. Lo siento cuando entra por mis ojos, en olas cortas, me penetra y me llena…

En estos días de mares de levas internos, de reflexión Obsesivas, como explicar lo que queremos contar, como expresar esta forma de vida tan utópica en la que me encuentro. No se si estoy despierto o estoy soñando.

Un momento muy salino, pero muy solano, este en el navego, quizás llevaba mucho tiempo sin hurgar en mis fondos marinos internos.

Lo que si sé, es que este año quiero pasarlo bien, tengo todas las armas para seguir soñando con todo y sobretodo a ser feliz, muy feliz, pues ésto de la vida no sé cuanto dura y vivir cada día como si fuera el último.

Alma, emoción, amor…TRABAJO

La Atarazana por Juan Ruiz.

 

Alma, emoción, amor…TRABAJO.

Pues si, al fin y al cabo trabajo.
Ideas que fluyen por la cocina, caras raras, muestras de satisfacción, algún que otro de derrota,de fracaso, de sueño roto, de algo que no encaja, pedidos que llegan a ultima hora, otros que no llegan, ellos no paran de hablar, solo son gorros de cocina que corren, cerebros que echan humo, desde el primero al ultimo, ellos no se dan cuenta, es mas no tienen que darse cuenta, no quiero y no me conviene, ellos trabajan, yo tambien, se enfrentan a la carta nueva, y con ello a un nuevo desafio, donde lo que has hecho antes ya no vale. Cada vez tiene quer ser mejor, eso es lo que buscan, ese el camino…como dice un gran amigo Cocino luego existo asi que imaginaos.
Desde mi escondite intento robar comentarios, pistas, olores, recuerdos, momentos…eso tengo que unirlo a mi cabeza para que empiece a funcionar, todavia no es hora de preguntar, es hora de trabajar, son momentos complicados pero por lo menos para mi son de inspiración,…pero se que soy un tipo raro.
Para que os hagais una idea, siento como cuando estabais en el colegio y estabais copiando, con el miedo de si te pillan…pues mas o menos.
Una carta de vinos no es algo de corta y pega, no es comprar vino de moda, no es poner vino por poner, por lo menos yo lo entiendo asi.
Hay que pensar en lo que quieren decir desde la cocina, filosofía de trabajo, de producto y a partir de ahi pensar, buscar, probar, buscar, volver a probar, pensar,buscar, no solo pensando si a ti te gusta o no, pensando en los clientes en el restaurante y en ambas cosas a la vez. Horas, dias, semanas…con algunas normas ademas que cada prfesional se marca, yo tengo varias por decir alguna, en mi carta intento no poner ningun vino que se pueda cobseguir en una hipermercado…
Aponiente tiene un par de cosas que me facilita el trabajo, la primera es Angel, que desde el primer día que me uní al equipo confío en mi forma de trabajar y de entender el vino, y por supuesto los clientes, cada vez es mas la gente se deja llevar, que viene predispuesta a que le sorprenda y que disfruta probando algo nuevo, yo siempre intento aconsejar, pero como norma, me propongo que cuando ofrezco algo y al cliente no le gusta, abrimos otra cosa sin compromiso ninguno, gracias por ser así sino todo seria muy monótono.
Por eso cuando en restaurantes os entreguen una carta de vinos, pensad que el sumiller no solo os esta entregando un listado con precios,zona y años, sino que también os entrega parte de su alma, intención de emocionarte , mucho amor en lo hecho y sobre todo mucho trabajo.
Juan Ruiz Henestrosa Campo

Argonautas

Brumas de Siroco por Jose Antonio Barragán Sánchez...

 

La paciencia es una virtud dicen los sabios, y los no tan sabios. Lo bueno se hace esperar, tiempo al tiempo, paciencia joven padawan, etc. Con todo esto solo deseo pedir disculpas por el retraso en este post, pues era mi intención que se hubiese publicado bastante antes, pero para eso, primero hay que convertir ideas y recuerdos que habitan en mi cerebro, en bellas y sensacionales palabras. Pero cuando mi pequeño mundo se convulsiona repentina y fortuitamente, es complicado tener la claridad suficiente para traducir textos del “Barragán” al español. Sin más, solo decir que lo siento, y que espero sepan perdonarme.

La primera vez que escuche la idea de “Madrid fusión” me pareció atrayente, pero lejana, como el día de reyes o navidad, algo significativo, pero que pasa una vez al año y tarda en ocurrir. No obstante, era mi primera vez, estaba ansioso y muy ilusionado. Contaba los días y las noches, solo pensaba en lo que me podía ofrecer todo aquello, cierto es que no visitaría la “feria”, no, más bien iría a trabajarla, pero el trabajo nunca me ha asustado, y como dice mi santa madre. “a lo tonto, no le quites lo valiente”, vamos que iba a conocer a mucha gente y tendría oportunidad de darme una vuelta y ver a viejos amigo.

Bueno, dejo ya de irme por las ramas, y paso a relataros nuestro viaje y vivencias en dicho evento, Madrid fusión; pero ahora que lo pienso, la realidad no haría justicia a lo vivido y lo sentido, no, vamos a necesitar una pequeña ayuda para hacéroslo entender, veamos, “si, ¡ya!”.

Sentado en mi butaca, pegado a la ventanilla del avión, con “miguelito” a mi lado, Juan y Paco delante, imaginaba nuestro viaje a bordo del “Argo” como majestuosos argonautas:

                Henos aquí, lejos de casa, tan solo un puñado de hombres, nuestra misión, alcanzar la Cólquida y una vez allí, conseguir el mayor de los trofeos, “el vellocino de oro”. Grandes peligros nos acecharan a cada paso y terribles enemigos nos esperan para destruirnos. Tan solo un barco y un puñado de hombres, si, pero no solo un barco, sino el mejor de los barcos hasta ahora construido, perfeccionado por su constructor, la obra de su vida. En cuanto a la tripulación, buenos soldados y mejores marineros, dispuestos a todo por el triunfo de esta expedición.

Tras varias horas de viaje, sin siquiera dormir, cansados y con ganas de avistar puerto, divisamos  la cólquida, pero cuál fue nuestra sorpresa al ver que no teníamos mapa de la misma, nuestro tripulante había hablado con los cartógrafos, y estos aseguraron que iba a bordo, pero no. Decidimos seguir navegando rumbo norte, con la idea de quizás así, encontrar el puerto donde atracar y descansar por fin, Fuimos obligados a dar varias vueltas, rectificar nuestra dirección multitud de  veces, escapando de arrecifes, fuertes oleajes y remolinos marinos. Decaídos y casi sin fuerzas, El propio Jasón tomo la decisión de pedir ayuda a Eolo, hijo de Poseidón y señor de las mareas:

“Eolo, oh, dios, ayúdanos a encontrar el puerto antes de que sucumbamos a la congoja y perezcamos en este mar extraño”

Eolo, se mostro clemente y les enseño en camino seguro hacia el puerto. Ya en puerto, los argonautas, disfrutaron la mañana de la cólquida, su comida, y parajes, se maravillaron ante la inmensidad de sus construcciones, y saborearon un café en un “Starbucks”. No obstante, no podían entretenerse mucho, pues su misión continuaba, así dejaron el argo a buen recaudo y continuaron a pie, sin miedo y con valor.

Los argonautas llegaron a un viejo templo, majestuoso, allí debían de conseguir un artilugio, una especie de llave que les permitiría continuar su aventura. Sin embargo, ese “pase” era custodiado por  un ser maligno, despiadado y cruel como ella misma, una “arpía” una especia de mitad mujer, mitad cuervo. Ella era la guardiana del pase, y protectora del templo de las “acreditaciones”. Los valientes argonautas, se lanzaron al ataque, intentando por todos los medios acabar con ella y conseguir el objeto, la golpearon, la insultaron, la amenazaron, la sedujeron, pero nada, como súcubo del averno, se resistía a todo con un encanto deplorable y muy malas formas. Esta vez fue Acasto quien se encomendó a Hera.

“Oh Hera, diosa del matrimonio, dinos como acabar con este vil demonio”

Hera les entrego una red, construida por los antiguos habitantes  del templo de las acreditaciones  en el que vivía la arpía, unos amos a los que debía servidumbre. Con esa red, consiguieron reducir a la arpía, la cual no salió tan mal parada, como un servidor hubiese querido…en fin, consiguieron el pase y siguieron su rumbo.

Nuestros aventureros atravesaron desiertos y bosques, pero fue al pasar por una bahía cuando un sonido dulce y armonioso llego a sus oídos, eso los embauco y sedujo. ¡Sirenas! Bellas y encantadoras, pero algo era distinto a como los argonautas se lo imaginaban, estas sirenas nos eran conocidas, pues ya en otros derroteros nos vimos con ellas, no eran esos seres de pesadillas que narran las leyendas ignominiosas, estas eran bellas damas, jóvenes de piel dorada escamada por el sol de occidente, de cálida sonrisa, no diré mitad pez, pero sí que por sus venas circula sal marina. Estas musas de ensueño, chicas de “Aires“nos acompañaron y ayudaron en nuestro viaje, facilitando nuestro cometido, agilizando la marcha y haciendo más llevadera muestra lejanía de casa y nuestro mar.

Tras tres días de duros combates contra grandes enemigos, tras descubrir antiguos dioses, encontrar viejos amigos y algunos nuevos, los argonautas atisbaron el vellocino, justo premio para tal hazaña. Con este en sus manos y con sus corazones henchidos de orgullo por la prueba superada, empezaron el camino de vuelta a casa, a su Ítaca particular, pero esto, es otra historia…

Tiempo nos separa de esos argonautas, de ese premio, el vellocino, aunque quien diría que realmente no era físico, pues no existía para ser palpado, ¡ya!, lo sé, he dicho que lo consiguieron, y así fue, todos se lo llevaron en su pecho, un sentimiento de triunfo, de victoria, de haber ganado una batalla contra uno mismo.

Presentábamos una ginebra magnifica “Fifty pounds” no hace falta que yo la ensalce, cualquiera de sus distribuidores, creadores, destiladores o consumidores, lo haría mejor que yo. Nosotros, como Aponiente, solo mostrábamos una manera distinta de prepararla, arriesgada quizás. Más somos gaditanos, y como tales, nuestra vida ha estado marcada por el mar, el cariño hacia él, el respeto, el miedo. La sal marina, que nos da los buenos días por la mañana al asomar la cara por la ventana, la misma que oxida nuestros coches cuando el viento de poniente la hace estrellarse contra ellos, esa es la sal que nos marca como individuo distinto a los demás, esa es la sal que vemos en cualquier cosa, y la misma que nos falta en todo. Solo queríamos llevar un poquito de esa sal a todos. También sé que muchos miraban extrañados y gritaban; “¡verde!”, si, verde, el color de la esperanza, nuestra sangre es roja, la sangre del mar verde, y como amante de la mar, llevo orgulloso ese color en mis venas y mi alma.

Dedicado con amor, gratitud y respeto a:

-Sergio “chef wear”, porque eres el mejor, y sin ti, Ronaldinho no llamaría al restaurante para reservar.

-Alma vinos únicos, Cesar y Sr. Berruti, buen champagne, gracias por colarnos en la fiesta y gracias por hacer posible las fotos con los cracs de la viticultura. Por cierto, nunca me aburro con vosotros.

-Aires news comunicación y chicas news, gracias por ser nuestras encantadoras sirenas, y soportarnos toda una velada y toda una temporada, que se que tenemos “tela”.

-Fifty pounds, Sánchez Romate, Marcelino y todos los demás, gracias por confiar en nosotros, gracias por arriesgaros, gracias por creer en el proyecto, gracias por ayudarnos, gracias.

-Marta de la organización de “Madrid fusión” que se lo “curró”, es la primera comercial que me topo, que trabaja casi más que yo.

- Y a todos esos locos del universo, contagiados al igual que nosotros, de la felicidad culinaria y del delirante arte del buen beber,  que recorrieron decenas, cientos o miles de quilómetros, para probar una ginebra diferente, de una forma diferente. Gracias, vosotros hacéis que todo valga la pena.

Jose Antoinio Barragán Sánchez

En Memoria de Santi Santamaría

Brumas de Siroco por Jose Antonio Barragán Sánchez...

Santi santamaría

Hoy 16 de febrero parece un día feo, el cielo es más gris, las nubes más negras, la lluvia lenta pero ruidosamente cae sobre los tejados, cebándose en los valiente pero incautos transeúntes que decidieron no llevar un paraguas. Un silencio sepulcral recorre las vacías calles de las ciudades. Hoy todos los semáforos parecen estar en rojo, las persianas bajadas, las cortinas echadas, las ventanas cerradas, las puertas aseguradas con doble e incluso triple cerrojo. Los pájaros no cantan, enmudecen como si el dolor atenazara sus alegres gorgoritos, algunos gatos maúllan al cielo nocturno, quizás alguna pregunta, y en vano esperan  respuesta. Después de todo, si que parece un mal día, la inactividad se apodera de todo y de todos, pero espera:

Un joven cocinero pausada, pero inexorablemente se dirige a la cocina, calmado, como si de algún protocolo se tratara, se quita su gorro y lo pone en la encimera,  se desprende del delantal y lo dobla con sumo cuidado, parece un experto de origami momentos antes de mostrar una figura de papel que nos parece imposible que haya realizado con un simple folio. Abre uno de sus cajones, seca las lagrimas a los cuchillos y los consuela con unas palmadas, mira al duro afilador, el cual parece apático, nuestro cocinero sabe que es mentira, solo se hace el duro, le estrecha la mano y le dedica una sonrisa verdadera. Las tablas de corte se apilan unas contra otras, temblorosas, al borde de desmayarse, él, las abraza y siente como sus ojos se humedecen. Ve a los coladores y los peladores en corrillo, se acerca y les escucha durante unos minutos, cuentas historias de comidas pasadas, gestas culinarias ya olvidadas por muchos. Las sartenes decaídas y casi desplomadas, lloran desconsoladamente, deseosas de una mano fuerte, que las empuñe con seguridad, el joven cocinero siente caer su alma, pero no puede hundirse, ahora no. Las ollas miran incrédulas a nuestro cocinero, sin saber que ha pasado, este se ve en la obligación de decirles que es verdad, que ha ocurrido lo peor. Unas cuantas cucharas se esconden tras una esquina, ensimismadas en su llantina, se acerca a ellas y las hace salir de su escondite, las calma contra su pecho y las pone junto a los coladores y los peladores. El joven cocinero se acerca al estante de las especias, la sal, la pimienta, la mostaza, la cayena, orégano, eneldo, clavo, vinagre, pimentón, azafrán, canela, alcaparras, aceite, curry, cardamomo, laurel…hoy, todos callan, nadie quiere hablar. El cocinero vislumbra los fogones a lo lejos, alguno encendido aun, se dirige a ellos y los apaga, hoy tampoco hablaran los fogones, deja la cocina tras apagar la luz de la misma, se sienta en la barra, se sirve un vaso de Bourbon, lo mira unos instantes, alza el vaso, sonríe; “a tu salud compañero” y lo engulle de un trago.

“no, hoy no se cocina, la cocina está cerrada”

Mis más sentidas condolencias a la familia, yo, también siento ese dolor, pues fui parte de su familia. Solo deseo agradecer la oportunidad que me brindo, todo lo que aprendí de él, nuestras charlas sobre gastronomía, me adiestraba y acrecentaban mi interés en este mundo en el cual me hallo inmerso laboralmente. Hoy hemos perdido a un grandioso cocinero y a un mejor pensador. Que Dios te acoja en su seno, descansa en paz Santi Santamaría.

En memoria de uno de los mejores cocineros de la gastronomía española: Santi Santamaría

Jose Antonio barragán Sánchez